Raúl Barón Biza y Myriam Stefford fueron los artífices de una historia
de amor que empezó como un cuento de hadas y terminó en una tragedia. Jóvenes,
prepotentes y adinerados, la vida pasó de sonreírles a castigarlos.
Un monumento funerario de dimensiones faraónicas, feo, sombrío y
abandonado cerca de Alta Gracia, es lo único que queda hoy de aquella historia.

