Fue la reina en todo, por su aire, por su importancia y por su
condición de best seller.
Dejó la cocina y la vida, que para ella eran una sola cosa, cuando ya
su reinado había sido dominado por la tendencia de chefs, gourmands y
restaurateurs, y por la inexorable censura del colesterol y las calorías. Doña
Petrona C. de Gandulfo es a la cocina argentina lo que a sus respectivos
géneros son Quinquela Martín, El Chúcaro, Canaro y Chuenga.
Cada mañana y cada tarde mantenía su inalterable ritual de salud:
tomar un vaso de whisky on the rocks. La receta la empujó a vivir hasta los 95
años, hasta aquel 6 de febrero de 1992 en que el corazón se cansó de bombear.











