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jueves, 11 de julio de 2013

El mundo desde una roca


¿Cuál es la diferencia entre la escalada deportiva y la búsqueda de coronar una cumbre? ¿Qué tiene de especial este deporte? Cada fin de semana se forman grupos que viajan a diferentes puntos del país para escalar en paisajes naturales.


Cada vez son más las personas que se inclinan por la práctica de un deporte al aire libre. Ante esta tendencia, muchos son los que se acercan a la escalada deportiva. Algunos llegan en busca de alguna actividad física, otros por curiosidad, y unos cuantos por el deseo de estar en contacto con la naturaleza. Todos coinciden en que la mezcla de esfuerzo, autosuperación y altura genera una sensación incomparable.
“Lo practico porque me gusta el deporte y la adrenalina que me genera. Me dan ganas de mejorar cada vez un poco más. Cuando estás en la roca es una cosa muy distinta a todo. Es increíble la conexión con la naturaleza arriba de la montaña, lejos de todo el quilombo de la ciudad. A mí, particularmente, en esos momentos me relajan”, cuenta Alejandro Mancini, que hace dos años empezó a practicar escalada deportiva.
Comenzó porque un amigo le comentó la experiencia y de a poco se fue enganchando. “Al principio no me llamaba mucho la atención. Pero seguí yendo y cada vez me fue atrayendo más. Hice un curso de ocho clases en el que me enseñaron a dar seguro y encordarme, que son las técnicas principales”, explica Alejandro, que trabaja como comerciante. “La verdad –comenta- me desenchufo totalmente del laburo. Cuando salís a la roca  y te relaja bastante. Igual, depende de cada uno. A mí me sirve como distracción”.
Como en todos los deportes que requieren técnica, al principio cuesta un poco más. “Las primeras veces sentía el temor de la caída y no escalaba cómodo, tenía algo de miedo. Hasta que con la práctica te vas acostumbrando y entendés que la idea es escalar hasta caerte, porque total tenés un asegurador que no va a dejar que te golpees. Entonces lo empezás a disfrutar más”, cuenta Alejandro, que paga $ 135 por dos días de entrenamiento a la semana en muro artificial, al que además puede ir libremente durante el mes. “Es un deporte que te da beneficios físicos. Uso tendones del cuerpo que antes no usaba. Lesiones tuve en el dedo, apenas un tironcito, después unas molestias en el hombro que me tuvieron dos semanas inactivo hasta volver a entrenar”, dice.
Además de la actividad física, Alejandro destaca el ambiente y el espíritu de la escalada. “La gente es muy de buena onda. Conocés muchas personas y no hay nada de competencia. Todo lo contrario: cuando alguien sabe más que vos y ve que algo no te sale, te da un par de pautas y así vas adquiriendo más conocimiento”, asegura.

Clases y entrenamiento


Pablo Gerli es profesor de la escuela en El Muro de Acassuso, en la zona norte del Gran Buenos Aires, y explica: “El Muro es como un gimnasio donde se practica la técnica, la dificultad de cada agarre y se ejercita el cuerpo para ganar musculatura y progresar en lo físico. Lo que se practica acá después se plasma en la roca. La evolución depende de la dedicación de cada uno”.

¿Cuál es la diferencia entre la escalada deportiva y el resto?

“La escalada es un método de progresión, una forma de avanzar. En la modalidad deportiva buscamos la dificultad de la línea y no coronar una cumbre, como ocurre, por ejemplo, en la escalada alpina”, indica Gerli, quien además es escalador.
“Después de probar y sentir que el deporte te gusta, es imprescindible hacer el curso básico de seguridad, que dura un mes. Es fundamental hacer las cosas bien, porque lo que se pone en riesgo es la vida”, advierte Gerli, que dicta cursos por unos 400 pesos para grupos de dos o más personas.

“Nunca se debe escalar solo. Siempre se debe ir con alguien capacitado que cumple el papel de asegurador, que es quien se queda en tierra y sostiene con la soga al escalador ante una eventual caída o bien para descender cuando termina de subir. La comunicación entre ambos es muy importante y precisa: ‘Voy’, dice el escalador antes de un movimiento. ‘Vaya’, responde el asegurador para que el otro avance”, dice Gerli, que destaca que la escalada es un deporte que “escapa de la rutina, no es monótono” y asegura que “lo copado es que no pensás en nada más, te desconecta por completo y tenés la cabeza en lo que estás haciendo”.
Durante la semana, cada escalador elige su lugar para practicar y entrenarse. 


¿Qué hace falta para empezar en este deporte?

“Ganas. Hay una onda especial porque se junta gente de diferentes estilos y edades. No es necesario tener alguna capacidad física especial; es para cualquiera que tenga ganas”, asegura Gerli.
Si bien la mayor parte del tiempo se trabaja en un muro artificial, uno de los grandes atractivos de este deporte son las excursiones regulares a la roca. “Se van formando grupos y una vez por mes hacemos salidas para escalar en medios naturales en lugares como Córdoba, Tandil o Bariloche, por ejemplo”, revela el profesor.


Es un deporte que relaja pero que no por eso deja de tener ciertas cuestiones que deben ser pensadas. “Un concepto muy importante es la visualización: ver de antemano todo lo que uno va hacer, anticipar el recorrido y los movimientos antes de empezar a escalar. Esto es más fácil en el muro porque los apliques están fijos pero en la roca no sabés bien porque es el ambiente natural”, advierte.


         Algunos elementos que se usan

“Hay que dominar el cuerpo”
              
Al principio cuesta un poco se realizan movimientos a los que habitualmente el cuerpo no está acostumbrado. “Hay que dominar todo el cuerpo, tanto el torso superior como las piernas y los pies.
A medida que se va practicando se adquiere más fuerza, sobre todo en los dedos que suelen estar pocos trabajados de antemano”, dice Gerli, que remarca una de las claves: “Pisar con la punta del pie y elegir los mejores agarres para que sea más sencillo subir”.



Alrededor del profesor hay algunos chicos que son prueba fiel de lo Gerli relata. “Mirá que yo voy al gimnasio todos los días, pero esto te mata los brazos. Lo copado es la adrenalina de la altura, el desafío de superarte a vos mismo” , expresa Agustín, de 32 años, minutos después de poner todo su esfuerzo para intentar alcanzar los diez metros de la cima, aunque finalmente, por muy poco, no puede lograrlo.
“Lo mejor es hacer el curso previo para aprender técnicas, porque eso no sólo te ayuda a ascender más sino que también te cansás menos”, explica Agustín.


Datos:
Pablo Gerli, escalador y profesor de la escuela en El Muro. Elcano 794, Perú Beach, Acassuso. (11) 4798-2759   www.escalando.com.ar
Tiene 70 rutas de diferente dificultad y recorridos de 20 metros. Se trata del muro más importante de la argentina.

Fuente: Revista AQUÍVIVIMOS


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